Normalmente
suelo tratar temas que pertenecen a la Ciencia Política (poder, relaciones,
estrategia, historia, ideología, etc.) sin embargo la otra vez conversando con
mi amigo Caleb cuya formación es de ingeniero industrial reflexionamos sobre cómo los otros profesionales (no hablo
de abogados, sociólogos y economistas) encuentran
habilidades para desempeñarse en el quehacer político cuando tienen esa
oportunidad por ejemplo los médicos, administradores, ingenieros,
psicólogos, etc. Los cuales se refieren
a aspectos fundamentales como: Cultura organizacional, Gestión corporativa,
Capital humano, entre otros.
Recuerdo
hace muchos meses cuando me dieron la oportunidad de ejercer administración en
la empresa donde laboro tuve que aprender e investigar sobre herramientas que
pudieran hacer efectiva mi labor, de allí que me encontré con el libro “Los 7
hábitos de la gente altamente efectiva” publicado en 1989 obra del
estadounidense Steven Covey, un libro de autoayuda que ha influido mucho en mi
vida. Y de ese libro vengo a hablarles hoy.
Uno de los aspectos centrales que se
colige del libro escrito por Covey, es que el ser humano al
actuar frente a sí mismo y su entorno, es
la capacidad de actuar y no reaccionar. Es decir, conducir sus
comportamientos sobre la base de la razón y no de la irracionalidad.
A pesar que, la mayoría de las personas
actuamos de manera irracional, porque nuestro cerebro está gobernando
biológicamente por el cerebelo, el educar a éste para que actúe en torno al
análisis racional de los procesos sociales, es un emprendimiento muy importante
y retador, porque justamente los hábitos propuestos implican un cambio radical
de los paradigmas o modelos humanos. Por tanto, se parte de una
concepción del hombre al cual se le considera como uno entre iguales, y no como
un ente diferente y excluyente. Igual en el sentido de reconocer y ser
reconocido bajo los mismos supuestos éticos y morales y no diferenciarlos por
rasgos físicos o de otra índole.
Desde este enfoque, la propuesta de
Covey tiene implícito principios éticos y morales propios de la cultura
occidental, como la tolerancia, el cambio, la
cooperación, la visión del futuro mejor, etc., que para muchos estaban ausentes
de la cultura empresarial o que por prejuicios se consideraba que había una
diferencia ética y moral entre la empresa y el individuo.
Así,
el sentido de competencia que para muchos es un valor negativo, se revaloriza y
adquiere su real significado al comprender que, las capacidades humanas poseen la cualidad de incrementar la comprensión de
los procesos humanos, sean estos de orden económico, social o político. En tal
sentido, la competencia no implica un actuar desprovisto de valores para ganar,
ya que el ganar o tener éxito debe enmarcarse precisamente en la concepción del
hombre descrita líneas arriba y actuar en consonancia a esa creencia.
Asimismo,
desde esta perspectiva, el cambio adquiere una dimensión nueva,
ya que los seres humanos tendemos a temer al cambio por el mismo hecho de la
incertidumbre o inseguridad que genera esa situación. Desde la visiòn de Covey, el
cambio es parte necesaria del quehacer de la humanidad, que ha permitido la
evolución en todos los sentidos y direcciones de la historia de la humanidad.
Por
tales argumentos, el autor denomina a su propuesta como hábitos y no reglas o
pautas, porque el hábito es un “modo
especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o
semejantes, u originado por tendencias instintivas”. Es por tanto una costumbre, parte de la personalidad del individuo o de
la empresa que se interioriza.
Puede resumirse los siete
hábitos propuestos por el autor de la siguiente manera:
1. Ser proactivo
Significa que la vida es producto de los valores y no de los sentimientos, en
el caso de las organizaciones es producto de sus decisiones, no de sus
condiciones. Lo opuesto a ser proactivo es ser reactivo, lo que significa que
la vida es una función de los sentimientos, de los estados de ánimos. El
concepto básico es elegir y asumir nuestras responsabilidades. Se recusa el
determinismo como elemento que condiciona nuestras vidas, reconociendo que hay
variables que no se pueden controlar, pero se enfrentan y se actúa en
consonancia.
2. Comenzar con el final en mente
significa ver una imagen mental un panorama general de hacia dónde quiero
llegar, es la visión del futuro, de propósito que se quiere alcanzar, es la
imagen objetivo de hacia dónde quiero llegar. Implica establecer la visión de
corto, mediano y largo plazo, e identificar los posibles problemas y las
oportunidades.
3. Primero lo primero (prioridades): Significa
que hay que decidir qué es realmente lo principal, elegir las prioridades,
romper con las ataduras sociales y empresariales que impiden separar lo
prioritario de lo no prioritario. Las cosas que importan más nunca deben estar
a merced de las cosas que importan menos.
4. Ganar / ganar: Es
el hábito del beneficio mutuo, el paradigma o principio fundamental es la
abundancia, desde una perspectiva del compartir, esto no es una amenaza, sino
una oportunidad para incrementar el valor de la persona. Hay que pensar en el
pastel a repartir, no como un término finito sino como un espacio de compartir
en que los involucrados comparten las ganancias.
5. Comprender y ser comprendido:
Todos queremos ser escuchados y ser comprendidos, porque creemos poseer la
verdad, cuando lo realmente importante es comprender primero al interlocutor,
para ello hay que escuchar y ello implica un proceso comunicativo empático.
Ponerse en los supuestos del otro para enriquecer el diálogo permite entender y
ser entendido. Antes de buscar ser entendidos hay que entender primero.
6. Sinergias: Es
un hábito cooperativo por excelencia, implica dejar de pensar en que una sola
persona, por más brillante que sea, no puede hacer todas las cosas. Por ello
implica la cooperación y el trabajo en equipo, representa la “acción de dos o
más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales”, es
decir, unidos se consigue algo mejor que separado, valorando las diferencias,
no solo tolerarlas sino celebrarlas e integrarlos en algo superior.
7. Afilar la sierra:
Aprendizaje continuo, el cambio es permanente y hay que reciclarse
permanentemente, estar siempre listos para aprender, emprender e innovar. El
cambio es el valor. Lo único permanente es el cambio.
En conclusión
podemos reconocer que estos hábitos podemos aplicarlos a muchas facetas de
nuestra vida y no solamente al aspecto laboral, pues en las relaciones
amicales, sentimentales y en la Gestión pública o hacer buena política que es
fundamental. Con los años he aprendido que también se puede incorporar la
HONESTIDAD, LA CONFIANZA Y EL RESPETO para dejar buenas raíces, pero
desarrollar estos valores será motivo de una publicación futura.
REFERENCIAS

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